lunes 28 Febrero 2011
Lunes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario
San Torcuato
Leer el comentario del Evangelio por
San Basilio : «A estas palabras.... se marchó pesaroso»
Lecturas
Eclesiástico 17,24-29.
A los que se arrepienten, les permite volver y reconforta a los que
perdieron la constancia.
Vuelve al Señor y deja de pecar, suplica ante su rostro y deja de
ofenderlo.
Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia y odia profundamente toda
abominación.
¿Quién alabará al Altísimo en el Abismo, si los vivientes no le rinden
homenaje?
el muerto, el que ya no existe, deja de alabarlo: el que está vivo y sano
debe alabar al Señor.
¡Qué grande es la generosidad del Señor y su perdón para los que vuelven a
él!
Salmo 32(31),1-2.5.6.7.
De David. Poema. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de
su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en
cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré
mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y
cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos.
Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría
de la salvación.
Marcos 10,17-27.
Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le
preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no
robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu
padre y a tu madre".
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi
juventud".
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que
tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven
y sígueme".
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía
muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil
será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó
diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre
en el Reino de Dios".
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:
"Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es
imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
San Basilio (hacia 330-379), monje y obispo de Cesarea de Capadocia, doctor de la Iglesia
Homilía sobre la riqueza; PG 31, 278
«A estas palabras.... se marchó pesaroso»
El caso del joven rico y de los que se asemejan a él me hace soñar en
aquel viajero que, deseando visitar una ciudad, llega hasta el pie de su
muralla, encuentra allí una posada, baja hasta ella y, desalentado al ver
los últimos pasos que le quedan por hacer, pierde todo el beneficio del
cansancio de su viaje y se priva de ver las bellezas de la ciudad. Así
mismo son los que observan los mandamientos, pero se revelan ante la idea
de perder sus bienes. Conozco muchos que ayunan, oran, hacen penitencia y
practican muy bien toda clase de obras de piedad, pero no sueltan ni un
óbolo para los pobres. ¿De qué les sirven las demás virtudes?
Esos no entrarán en el Reino de los cielos, porque «más fácil le es a un
camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de
los cielos». Palabras claras, y su autor no miente, pero son raros los que
se dejan afectar por ellas. «¿Cómo vamos a vivir cuando nos hayamos
despojado de todo?» exclaman. «¿Qué existencia vamos a llevar cuando se
haya vendido todo y no tengamos ya ninguna propiedad?» No me preguntéis qué
intención profunda hay bajo los mandamientos de Dios. El que ha establecido
nuestras leyes conoce también el arte de conciliar lo imposible con la
ley.
Lunes de la VIII Semana del Tiempo Ordinario
San Torcuato
Leer el comentario del Evangelio por
San Basilio : «A estas palabras.... se marchó pesaroso»
Lecturas
Eclesiástico 17,24-29.
A los que se arrepienten, les permite volver y reconforta a los que
perdieron la constancia.
Vuelve al Señor y deja de pecar, suplica ante su rostro y deja de
ofenderlo.
Vuelve al Altísimo, apártate de la injusticia y odia profundamente toda
abominación.
¿Quién alabará al Altísimo en el Abismo, si los vivientes no le rinden
homenaje?
el muerto, el que ya no existe, deja de alabarlo: el que está vivo y sano
debe alabar al Señor.
¡Qué grande es la generosidad del Señor y su perdón para los que vuelven a
él!
Salmo 32(31),1-2.5.6.7.
De David. Poema. ¡Feliz el que ha sido absuelto de su pecado y liberado de
su falta!
¡Feliz el hombre a quien el Señor no le tiene en cuenta las culpas, y en
cuyo espíritu no hay doblez!
Pero yo reconocí mi pecado, no te escondí mi culpa, pensando: "Confesaré
mis faltas al Señor". ¡Y tú perdonaste mi culpa y mi pecado!
Por eso, que todos tus fieles te supliquen en el momento de la angustia; y
cuando irrumpan las aguas caudalosas no llegarán hasta ellos.
Tú eres mi refugio, tú me libras de los peligros y me colmas con la alegría
de la salvación.
Marcos 10,17-27.
Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le
preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no
robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu
padre y a tu madre".
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi
juventud".
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que
tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven
y sígueme".
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía
muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil
será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó
diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre
en el Reino de Dios".
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros:
"Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es
imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible".
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
San Basilio (hacia 330-379), monje y obispo de Cesarea de Capadocia, doctor de la Iglesia
Homilía sobre la riqueza; PG 31, 278
«A estas palabras.... se marchó pesaroso»
El caso del joven rico y de los que se asemejan a él me hace soñar en
aquel viajero que, deseando visitar una ciudad, llega hasta el pie de su
muralla, encuentra allí una posada, baja hasta ella y, desalentado al ver
los últimos pasos que le quedan por hacer, pierde todo el beneficio del
cansancio de su viaje y se priva de ver las bellezas de la ciudad. Así
mismo son los que observan los mandamientos, pero se revelan ante la idea
de perder sus bienes. Conozco muchos que ayunan, oran, hacen penitencia y
practican muy bien toda clase de obras de piedad, pero no sueltan ni un
óbolo para los pobres. ¿De qué les sirven las demás virtudes?
Esos no entrarán en el Reino de los cielos, porque «más fácil le es a un
camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de
los cielos». Palabras claras, y su autor no miente, pero son raros los que
se dejan afectar por ellas. «¿Cómo vamos a vivir cuando nos hayamos
despojado de todo?» exclaman. «¿Qué existencia vamos a llevar cuando se
haya vendido todo y no tengamos ya ninguna propiedad?» No me preguntéis qué
intención profunda hay bajo los mandamientos de Dios. El que ha establecido
nuestras leyes conoce también el arte de conciliar lo imposible con la
ley.
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