sábado, 26 de febrero de 2011

Lecturas sábado 26 Febrero 2011

sábado 26 Febrero 2011
Sábado de la VII Semana del Tiempo Ordinario

San Néstor



Leer el comentario del Evangelio por
Beato Guerrico de Igny : Acoger el Reino de Dios como un niño

Lecturas

Eclesiástico 17,1-15.
El Señor creó al hombre de la tierra y lo hace volver de nuevo a ella.
Le señaló un número de días y un tiempo determinado, y puso bajo su dominio
las cosas de la tierra.
Lo revistió de una fuerza semejante a la suya y lo hizo según su propia
imagen.
Hizo que todos los vivientes lo temieran, para que él dominara las fieras y
los pájaros.
Le dio una lengua, ojos y oídos, el poder de discernir y un corazón para
pensar.
El colmó a los hombres de saber y entendimiento, y les mostró el bien y el
mal.
Les infundió su propia luz, para manifestarles la grandeza de sus obras,
y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas:
así alabarán su Nombre santo, proclamando la grandeza de sus obras.
Les concedió además la ciencia y les dio como herencia una Ley de vida;
estableció con ellos una alianza eterna y les hizo conocer sus decretos.
Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria y oyeron con sus oídos
la gloria de su voz.
El les dijo: "Cuídense de toda injusticia", y dio a cada uno preceptos
acerca del prójimo.
Los caminos de los hombres están siempre ante él y no pueden ocultarse a
sus ojos.


Salmo 103(102),13-14.15-16.17-18.
Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus
fieles;
él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo.
Los días del hombre son como la hierba: él florece como las flores del
campo;
las roza el viento, y ya no existen más, ni el sitio donde estaban las verá
otra vez.
Pero el amor del Señor permanece para siempre, y su justicia llega hasta
los hijos y los nietos
de los que lo temen y observan su alianza, de los que recuerdan sus
preceptos y los cumplen.


Marcos 10,13-16.
Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos
los reprendieron.
Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a
mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como
ellos.
Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará
en él".
Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense
1er sermón para la Navidad

Acoger el Reino de Dios como un niño

Nos ha nacido un niño: el Dios de toda majestad, se anonadó a sí
mismo, se hizo semejante a nosotros no sólo tomando el cuerpo terrestre de
los mortales, sino aún más, haciéndose a la edad de un niño, cargado de
debilidad y pequeñez. ¡Bienaventurada infancia, cuya debilidad y
simplicidad son más fuertes y más sabias que todos los hombres! Porque, en
verdad, la fuerza de Dios y la sabiduría de Dios llevan a cabo aquí su obra
divina a través de nuestras realidades humanas. Sí, la debilidad de este
niño vence al príncipe de este mundo; rompe nuestras ataduras y nos libera
de nuestra cautividad. La simplicidad de este niño, la cual parece muda y
faltada de palabra, vuelve elocuentes las lenguas de los hijos; les hace
hablar con el lenguaje de los hombres y de los ángeles... Este niño parece
ignorante pero es quien enseña la sabiduría a los hombres y a los ángeles,
él que, en realidad, es... la Sabiduría de Dios y su Verbo, su Palabra. ¡Oh santa y dulce infancia, que devuelves a los hombres la
verdadera inocencia gracias a la cual a cualquier edad se puede regresar a
la bendita infancia y asemejarse a ella, no por la pequeñez de sus
miembros, sino por la humildad de corazón y la suavidad de su
comportamiento! Indudablemente, vosotros los hijos de Adán, que sois tan
grandes a vuestros propios ojos..., si no os convertís y no os hacéis como
ese niño, no entraréis en el Reino de los cielos. «Yo soy la puerta del
Reino», dice ese niño. Si la altura de los hombres no se inclina, esta
humilde puerta no los dejará entrar. (Referencias bíblicas: :
Is 9,5; 1C 1,24; Jn 12,31; Sab 10,21; 1C 13,1; Sl 93,10; Mt 18,3-4; Jn 10).



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