jueves 31 Marzo 2011
Jueves de la III Semana de Cuaresma
San Juan Clímaco , abad y escritor famoso, autor de la Escala espiritual, Monte Sinaí, 605.
Leer el comentario del Evangelio por
Pape Benedicto XVI : « El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Lecturas
Jeremías 7,23-28.
Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.
Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.
Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día.
Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.
Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán.
Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".
Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
"No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.
Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Pape Benedicto XVI
Encíclica « Spe Salvi » § 30-31
« El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Los tiempos modernos han hecho aumentar la esperanza de la
instauración de un mundo perfecto que, gracias a los conocimientos de la
ciencia y a una política científicamente fundada, parecía haber llegado a
ser realizable. Así la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido
remplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un
mundo mejor que sería el verdadero «Reino de Dios». He aquí, en fin de
cuentas, lo que parecía ser la esperanza, grande y realista, de la que el
hombre tenía necesidad; estaba en condiciones de movilizar–- por un cierto
tiempo –- todas las energías del hombre... Pero con el curso del tiempo ha
llegado a ser claro que esta esperanza se alejaba siempre más. Se han dado
cuenta que era quizás una esperanza para los hombres de pasado mañana, pero
no una esperanza para mí. Y aunque el «esperar para todos» fuera parte de
la gran esperanza humana-– en efecto, no puedo llegar a ser feliz contra
los otros y sin ellos –-permanece cierto que una esperanza que no me
concierne personalmente no es verdadera esperanza. Ha resultado evidente
que se trataba de una esperanza contra la libertad... Tenemos necesidad
de esperanzas –- de las más pequeñas o de las mayores – que, día a día, nos
mantienen en camino. Pero sin la gran esperanza, que debe sobrepasar el
resto, no bastan. Esta gran esperanza no puede ser más que Dios sólo, que
abrazo el universo y que puede proponernos y darnos lo que, solos, no
podemos alcanzar. Precisamente, el hecho de ser gratificado por un don
forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza–- no
cualquier dios, sino el Dios que posee un rostro humano y que nos ha amado
hasta el final (Jn 13,1) — a cada uno individualmente y a la humanidad
entera. Su reino no es un más allá imaginario, colocado en un futuro que no
se realiza nunca; su reino está presente allí donde es amado y donde su
amor nos alcanza
Jueves de la III Semana de Cuaresma
San Juan Clímaco , abad y escritor famoso, autor de la Escala espiritual, Monte Sinaí, 605.
Leer el comentario del Evangelio por
Pape Benedicto XVI : « El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Lecturas
Jeremías 7,23-28.
Esta fue la orden que les di: Escuchen mi voz, así yo seré su Dios y ustedes serán mi Pueblo; sigan por el camino que yo les ordeno, a fin de que les vaya bien.
Pero ellos no escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que obraron según sus designios, según los impulsos de su corazón obstinado y perverso; se volvieron hacia atrás, no hacia adelante.
Desde el día en que sus padres salieron de Egipto hasta el día de hoy, yo les envié a todos mis servidores los profetas, los envié incansablemente, día tras día.
Pero ellos no me escucharon ni inclinaron sus oídos, sino que se obstinaron y obraron peor que sus padres.
Tú les dirás todas estas palabras y no te escucharán: los llamarás y no te responderán.
Entonces les dirás: "Esta es la nación que no ha escuchado la voz del Señor, su Dios, ni ha recibido la lección. La verdad ha desaparecido, ha sido arrancada de su boca".
Salmo 95(94),1-2.6-7.8-9.
¡Vengan, cantemos con júbilo al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva!
¡Lleguemos hasta él dándole gracias, aclamemos con música al Señor!
¡Entren, inclinémonos para adorarlo! ¡Doblemos la rodilla ante el Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios, y nosotros, el pueblo que él apacienta, las ovejas conducidas por su mano. Ojalá hoy escuchen la voz del Señor:
"No endurezcan su corazón como en Meribá, como en el día de Masá, en el desierto,
cuando sus padres me tentaron y provocaron, aunque habían visto mis obras.
Lucas 11,14-23.
Jesús estaba expulsando a un demonio que era mudo. Apenas salió el demonio, el mudo empezó a hablar. La muchedumbre quedó admirada,
pero algunos de ellos decían: "Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios".
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: "Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Pape Benedicto XVI
Encíclica « Spe Salvi » § 30-31
« El reino de Dios ha llegado para vosotros »
Los tiempos modernos han hecho aumentar la esperanza de la
instauración de un mundo perfecto que, gracias a los conocimientos de la
ciencia y a una política científicamente fundada, parecía haber llegado a
ser realizable. Así la esperanza bíblica del reino de Dios ha sido
remplazada por la esperanza del reino del hombre, por la esperanza de un
mundo mejor que sería el verdadero «Reino de Dios». He aquí, en fin de
cuentas, lo que parecía ser la esperanza, grande y realista, de la que el
hombre tenía necesidad; estaba en condiciones de movilizar–- por un cierto
tiempo –- todas las energías del hombre... Pero con el curso del tiempo ha
llegado a ser claro que esta esperanza se alejaba siempre más. Se han dado
cuenta que era quizás una esperanza para los hombres de pasado mañana, pero
no una esperanza para mí. Y aunque el «esperar para todos» fuera parte de
la gran esperanza humana-– en efecto, no puedo llegar a ser feliz contra
los otros y sin ellos –-permanece cierto que una esperanza que no me
concierne personalmente no es verdadera esperanza. Ha resultado evidente
que se trataba de una esperanza contra la libertad... Tenemos necesidad
de esperanzas –- de las más pequeñas o de las mayores – que, día a día, nos
mantienen en camino. Pero sin la gran esperanza, que debe sobrepasar el
resto, no bastan. Esta gran esperanza no puede ser más que Dios sólo, que
abrazo el universo y que puede proponernos y darnos lo que, solos, no
podemos alcanzar. Precisamente, el hecho de ser gratificado por un don
forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza–- no
cualquier dios, sino el Dios que posee un rostro humano y que nos ha amado
hasta el final (Jn 13,1) — a cada uno individualmente y a la humanidad
entera. Su reino no es un más allá imaginario, colocado en un futuro que no
se realiza nunca; su reino está presente allí donde es amado y donde su
amor nos alcanza
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