martes, 5 de abril de 2011

Lecturas lunes 04 Abril 2011

lunes 04 Abril 2011
Lunes de la IV Semana de Cuaresma

San Isidoro de Sevilla



Leer el comentario del Evangelio por
Balduino de Ford : « El hombre creyó las palabras que Jesús le había dicho »

Lecturas

Isaías 65,17-21.

Sí, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva. No quedará el recuerdo del pasado ni se lo traerá a la memoria,
sino que se regocijarán y se alegrarán para siempre por lo que yo voy a crear: porque voy a crear a Jerusalén para la alegría y a su pueblo para el gozo.
Jerusalén será mi alegría, yo estaré gozoso a causa de mi pueblo, y nunca más se escucharán en ella ni llantos ni alaridos.
Ya no habrá allí niños que vivan pocos días ni ancianos que no completen sus años, porque el más joven morirá a los cien años y al que no llegue a esa edad se lo tendrá por maldito.
Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán sus frutos:


Salmo 30(29),2.4.5-6.11-13.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí.
Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro.
Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo Nombre,
porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor".
Tú convertiste mi lamento en júbilo, me quitaste el luto y me vestiste de fiesta,
para que mi corazón te cante sin cesar. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente!


Juan 4,43-54.

Transcurridos los dos días, Jesús partió hacia Galilea.
El mismo había declarado que un profeta no goza de prestigio en su propio pueblo.
Pero cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la Pascua; ellos también, en efecto, habían ido a la fiesta.
Y fue otra vez a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía su hijo enfermo en Cafarnaún.
Cuando supo que Jesús había llegado de Judea y se encontraba en Galilea, fue a verlo y le suplicó que bajara a curar a su hijo moribundo.
Jesús le dijo: "Si no ven signos y prodigios, ustedes no creen".
El funcionario le respondió: "Señor, baja antes que mi hijo se muera".
"Vuelve a tu casa, tu hijo vive", le dijo Jesús. El hombre creyó en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino.
Mientras descendía, le salieron al encuentro sus servidores y leanunciaron que su hijo vivía.
El les preguntó a qué hora se había sentido mejor. "Ayer, a la una de la tarde, se le fue la fiebre", le respondieron.
El padre recordó que era la misma hora en que Jesús le había dicho: "Tu hijo vive". Y entonces creyó él y toda su familia.
Este fue el segundo signo que hizo Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

Balduino de Ford (?-v. 1190), abad cisterciense
Homilía sobre la carta a los Hebreos 4,12; PL 204, 451-453

« El hombre creyó las palabras que Jesús le había dicho »

"La Palabra de Dios es viva" ( Hb 4,12). Toda la grandeza, la fuerza y
la sabiduría de la Palabra de Dios, he aquí que por estas palabras el
apóstol enseña a aquellos que buscan a Cristo, palabra, fuerza y sabiduría
de Dios.
Esta Palabra existía desde el principio con el Padre, estaba
eternamente junto a Él ( Jn 1,1). Ella fue revelada a su tiempo a los
apóstoles, anunciada por ellos y recibida humildemente por el pueblo de los
creyentes.
Igual que el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado también al Hijo
tener vida en sí mismo ( Jn 5,26). La Palabra no sólo está viva, sino que
es la vida, como ha escrito: « Yo soy el camino, la verdad y la vida » (Jn
14,6). Y puesto que es la vida, ella es viva y vivificante, ya que "como el
Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da la vida
a los que quiere" (Jn 5,21). Es vivificante porque cuando llama a Lázaro
fuera de la tumba le dice: «¡Lázaro, sal fuera! » (Jn 11,43). Cuando esta
palabra es proclamada, la voz que la pronuncia al exterior, resuena con tal
fuerza que percibiéndola en el interior, hace revivir muertos, y
despertando la fe suscita verdaderos hijos de Abraham (Mt 3,9).
Sí, esta palabra está viva, viva dentro del corazón del Padre, en la
boca de aquellos que la proclaman, en el corazón de aquellos que creen y
aman.

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