sábado 09 Abril 2011
Sábado de la IV Semana de Cuaresma
San Lorenzo de Irlanda
Leer el comentario del Evangelio por
Juan Pablo II : « Este es el Mesías »
Lecturas
Jeremías 11,18-20.
El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.
Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: "¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!".
Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!
Salmo 7,2-3.9-10.11-12.
Señor, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme como un león, que destroza sin remedio.
El Señor es el Juez de las naciones: júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento.
Juan 7,40-53.
Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: "Este es verdaderamente el Profeta".
Otros decían: "Este es el Mesías". Pero otros preguntaban: "¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?
¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?".
Y por causa de él, se produjo una división entre la gente.
Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: "¿Por qué no lo trajeron?".
Ellos respondieron: "Nadie habló jamás como este hombre".
Los fariseos respondieron: "¿También ustedes se dejaron engañar?
¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él?
En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita".
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo:
"¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?".
Le respondieron: "¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta".
Y cada uno regresó a su casa.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Juan Pablo II
Encíclica « Dives in misericordia », 7
« Este es el Mesías »
El mensaje mesiánico de Cristo y su actividad entre los hombres
terminan con la cruz y la resurrección. Debemos penetrar hasta lo hondo en
este acontecimiento final que, de modo especial en el lenguaje conciliar,
es definido mysterium paschale, si queremos expresar profundamente la
verdad de la misericordia, tal como ha sido hondamente revelada en la
historia de nuestra salvación. En este punto de nuestras consideraciones,
tendremos que acercarnos más aún al contenido de la Encíclica Redemptor
Hominis. En efecto, si la realidad de la redención, en su dimensión humana
desvela la grandeza inaudita del hombre, que mereció tener tan gran
Redentor, al mismo tiempo yo diría que la dimensión divina de la redención
nos permite, en el momento más empírico e « histórico », desvelar la
profundidad de aquel amor que no se echa atrás ante el extraordinario
sacrificio del Hijo, para colmar la fidelidad del Creador y Padre respecto
a los hombres creados a su imagen y ya desde el « principio » elegidos, en
este Hijo, para la gracia y la gloria. Los acontecimientos del Viernes
Santo y, aun antes, la oración en Getsemaní, introducen en todo el curso de
la revelación del amor y de la misericordia, en la misión mesiánica de
Cristo, un cambio fundamental. El que « pasó haciendo el bien y sanando »,
« curando toda clase de dolencias y enfermedades » Él mismo parece merecer
ahora la más grande misericordia y apelarse a la misericordia cuando es
arrestado, ultrajado, condenado, flagelado, coronado de espinas; cuando es
clavado en la cruz y expira entre terribles tormentos. Es entonces cuando
merece de modo particular la misericordia de los hombres, a quienes ha
hecho el bien, y no la recibe. Incluso aquellos que están más cercanos a
Él, no saben protegerlo y arrancarlo de las manos de los opresores. En esta
etapa final de la función mesiánica se cumplen en Cristo las palabras
pronunciadas por los profetas, sobre todo Isaías, acerca del Siervo de
Yahvé: « por sus llagas hemos sido curados » « A quien no conoció el
pecado, Dios le hizo pecado por nosotros »,escribía san Pablo, resumiendo
en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la vez la
dimensión divina de la realidad de la redención. Justamente esta redención
es la revelación última y definitiva de la santidad de Dios, que es la
plenitud absoluta de la perfección: plenitud de la justicia y del amor, ya
que la justicia se funda sobre el amor, mana de él y tiende hacia él.
Sábado de la IV Semana de Cuaresma
San Lorenzo de Irlanda
Leer el comentario del Evangelio por
Juan Pablo II : « Este es el Mesías »
Lecturas
Jeremías 11,18-20.
El Señor de los ejércitos me lo ha hecho saber y yo lo sé. Entonces tú me has hecho ver sus acciones.
Y yo era como un manso cordero, llevado al matadero, sin saber que ellos urdían contra mí sus maquinaciones: "¡Destruyamos el árbol mientras tiene savia, arranquémoslo de la tierra de los vivientes, y que nadie se acuerde más de su nombre!".
Señor de los ejércitos, que juzgas con justicia, que sondeas las entrañas y los corazones, ¡que yo vea tu venganza contra ellos, porque a ti he confiado mi causa!
Salmo 7,2-3.9-10.11-12.
Señor, Dios mío, en ti me refugio: sálvame de todos los que me persiguen;
líbrame, para que nadie pueda atraparme como un león, que destroza sin remedio.
El Señor es el Juez de las naciones: júzgame, Señor, conforme a mi justicia y de acuerdo con mi integridad.
¡Que se acabe la maldad de los impíos! Tú que sondeas las mentes y los corazones, tú que eres un Dios justo, apoya al inocente.
Mi escudo es el Dios Altísimo, que salva a los rectos de corazón.
Dios es un Juez justo y puede irritarse en cualquier momento.
Juan 7,40-53.
Algunos de la multitud que lo habían oído, opinaban: "Este es verdaderamente el Profeta".
Otros decían: "Este es el Mesías". Pero otros preguntaban: "¿Acaso el Mesías vendrá de Galilea?
¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David y de Belén, el pueblo de donde era David?".
Y por causa de él, se produjo una división entre la gente.
Algunos querían detenerlo, pero nadie puso las manos sobre él.
Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: "¿Por qué no lo trajeron?".
Ellos respondieron: "Nadie habló jamás como este hombre".
Los fariseos respondieron: "¿También ustedes se dejaron engañar?
¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él?
En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita".
Nicodemo, uno de ellos, que había ido antes a ver a Jesús, les dijo:
"¿Acaso nuestra Ley permite juzgar a un hombre sin escucharlo antes para saber lo que hizo?".
Le respondieron: "¿Tú también eres galileo? Examina las Escrituras y verás que de Galilea no surge ningún profeta".
Y cada uno regresó a su casa.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Juan Pablo II
Encíclica « Dives in misericordia », 7
« Este es el Mesías »
El mensaje mesiánico de Cristo y su actividad entre los hombres
terminan con la cruz y la resurrección. Debemos penetrar hasta lo hondo en
este acontecimiento final que, de modo especial en el lenguaje conciliar,
es definido mysterium paschale, si queremos expresar profundamente la
verdad de la misericordia, tal como ha sido hondamente revelada en la
historia de nuestra salvación. En este punto de nuestras consideraciones,
tendremos que acercarnos más aún al contenido de la Encíclica Redemptor
Hominis. En efecto, si la realidad de la redención, en su dimensión humana
desvela la grandeza inaudita del hombre, que mereció tener tan gran
Redentor, al mismo tiempo yo diría que la dimensión divina de la redención
nos permite, en el momento más empírico e « histórico », desvelar la
profundidad de aquel amor que no se echa atrás ante el extraordinario
sacrificio del Hijo, para colmar la fidelidad del Creador y Padre respecto
a los hombres creados a su imagen y ya desde el « principio » elegidos, en
este Hijo, para la gracia y la gloria. Los acontecimientos del Viernes
Santo y, aun antes, la oración en Getsemaní, introducen en todo el curso de
la revelación del amor y de la misericordia, en la misión mesiánica de
Cristo, un cambio fundamental. El que « pasó haciendo el bien y sanando »,
« curando toda clase de dolencias y enfermedades » Él mismo parece merecer
ahora la más grande misericordia y apelarse a la misericordia cuando es
arrestado, ultrajado, condenado, flagelado, coronado de espinas; cuando es
clavado en la cruz y expira entre terribles tormentos. Es entonces cuando
merece de modo particular la misericordia de los hombres, a quienes ha
hecho el bien, y no la recibe. Incluso aquellos que están más cercanos a
Él, no saben protegerlo y arrancarlo de las manos de los opresores. En esta
etapa final de la función mesiánica se cumplen en Cristo las palabras
pronunciadas por los profetas, sobre todo Isaías, acerca del Siervo de
Yahvé: « por sus llagas hemos sido curados » « A quien no conoció el
pecado, Dios le hizo pecado por nosotros »,escribía san Pablo, resumiendo
en pocas palabras toda la profundidad del misterio de la cruz y a la vez la
dimensión divina de la realidad de la redención. Justamente esta redención
es la revelación última y definitiva de la santidad de Dios, que es la
plenitud absoluta de la perfección: plenitud de la justicia y del amor, ya
que la justicia se funda sobre el amor, mana de él y tiende hacia él.
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