sábado 14 Mayo 2011
San Matías, apóstol - Fiesta
Juan Pablo II: Miércoles 13 de mayo de 1981
Leer el comentario del Evangelio por
Beato John Henry Newman : «Permaneced en mi amor..., para que mi alegría sea en vosotros y seais plenamente felices»
Lecturas
Hechos 1,15-17.20-26.
Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo:
"Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús.
El era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio.
En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo.
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,
desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección".
Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías.
Y oraron así: "Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste
para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía".
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.
Salmo 113(112),1-2.3-4.5-6.7-8.
¡Aleluya! Alaben, servidores del Señor, alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones, su gloria se eleva sobre el cielo.
¿Quién es como el Señor, nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar el cielo y la tierra?
El levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo;
Juan 15,9-17.
Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Beato John Henry Newman (1801-1890), presbítero, fundador de comunidad religiosa, teólogo
Sermón «El yugo de Cristo» PPS, vol. 7, n°8
«Permaneced en mi amor..., para que mi alegría sea en vosotros y seais plenamente felices»
Cristo se ha ido; los Apóstoles poseían, ciertamente, en abundancia
la paz y la alegría, más aún que cuando Jesús estaba con ellos, más no era
una alegría, «como la da el mundo» (Jn 14,27). Esta es su alegría, nacida
del sufrimiento y la aflicción. Esta fue la alegría que San Matías recibió
cuando se hizo un apóstol... El resto habían sido elegidos (por así
decirlo) en su infancia: herederos certeros del reino, pero por ahora, bajo
tutores y curadores ( Ga 4,2), y, como los apóstoles, no habían entendido
su llamada, habían tenido pensamientos de ambición humana, deseos de
riquezas, y lo aceptaron así por un tiempo...,pero San Matías entró de
lleno en su heredad. Desde su elección tomó sobre sí el poder de los
apóstoles y el precio a pagar. No sueña con el éxito terrenal ni podría
alcanzar el trono que se eleva sobre la tumba, de uno que había sido
juzgado y había caído, a la sombra misma de la cruz de aquel a quien había
traicionado.Sí, san Matías bien puede repetirnos hoy las palabras del
Señor: «Cargad con mi yugo, y aprended de mí,» (Mt 11,29) porque ese yugo,
lo había llevado él mismo desde el principio...desde su «juventud
apostólica», él ha llevado el yugo del Señor. Embarcado sin duda en una
gran Cuaresma, encontró la alegría... «Si alguno quiere venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame»(Mt 16,24) . Venir a
Cristo, es venir a su casa; tomar su cruz, es tomar su yugo; si Él nos dice
que es ligero sin que deje de ser un yugo laborioso... No quiero decir,
ciertamente, que la vida en la casa del Señor sea sin alegría y paz. «Mi
yugo es llevadero, dice Jesús, y mi carga ligera»(Mt 11,30)...... es la
gracia que hace que sea tal, puesto que sigue siendo austero...... sigue
siendo una cruz.
San Matías, apóstol - Fiesta
Juan Pablo II: Miércoles 13 de mayo de 1981
Leer el comentario del Evangelio por
Beato John Henry Newman : «Permaneced en mi amor..., para que mi alegría sea en vosotros y seais plenamente felices»
Lecturas
Hechos 1,15-17.20-26.
Uno de esos días, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos -los que estaban reunidos eran alrededor de ciento veinte personas- y dijo:
"Hermanos, era necesario que se cumpliera la Escritura en la que el Espíritu Santo, por boca de David, habla de Judas, que fue el jefe de los que apresaron a Jesús.
El era uno de los nuestros y había recibido su parte en nuestro ministerio.
En el libro de los Salmos está escrito: Que su casa quede desierta y nadie la habite. Y más adelante: Que otro ocupe su cargo.
Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros,
desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección".
Se propusieron dos: José, llamado Barsabás, de sobrenombre el Justo, y Matías.
Y oraron así: "Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste
para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía".
Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles.
Salmo 113(112),1-2.3-4.5-6.7-8.
¡Aleluya! Alaben, servidores del Señor, alaben el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor, desde ahora y para siempre.
Desde la salida del sol hasta su ocaso, sea alabado el nombre del Señor.
El Señor está sobre todas las naciones, su gloria se eleva sobre el cielo.
¿Quién es como el Señor, nuestro Dios, que tiene su morada en las alturas,
y se inclina para contemplar el cielo y la tierra?
El levanta del polvo al desvalido, alza al pobre de su miseria,
para hacerlo sentar entre los nobles, entre los nobles de su pueblo;
Juan 15,9-17.
Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.
Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.
Leer el comentario del Evangelio por
Beato John Henry Newman (1801-1890), presbítero, fundador de comunidad religiosa, teólogo
Sermón «El yugo de Cristo» PPS, vol. 7, n°8
«Permaneced en mi amor..., para que mi alegría sea en vosotros y seais plenamente felices»
Cristo se ha ido; los Apóstoles poseían, ciertamente, en abundancia
la paz y la alegría, más aún que cuando Jesús estaba con ellos, más no era
una alegría, «como la da el mundo» (Jn 14,27). Esta es su alegría, nacida
del sufrimiento y la aflicción. Esta fue la alegría que San Matías recibió
cuando se hizo un apóstol... El resto habían sido elegidos (por así
decirlo) en su infancia: herederos certeros del reino, pero por ahora, bajo
tutores y curadores ( Ga 4,2), y, como los apóstoles, no habían entendido
su llamada, habían tenido pensamientos de ambición humana, deseos de
riquezas, y lo aceptaron así por un tiempo...,pero San Matías entró de
lleno en su heredad. Desde su elección tomó sobre sí el poder de los
apóstoles y el precio a pagar. No sueña con el éxito terrenal ni podría
alcanzar el trono que se eleva sobre la tumba, de uno que había sido
juzgado y había caído, a la sombra misma de la cruz de aquel a quien había
traicionado.Sí, san Matías bien puede repetirnos hoy las palabras del
Señor: «Cargad con mi yugo, y aprended de mí,» (Mt 11,29) porque ese yugo,
lo había llevado él mismo desde el principio...desde su «juventud
apostólica», él ha llevado el yugo del Señor. Embarcado sin duda en una
gran Cuaresma, encontró la alegría... «Si alguno quiere venir en
pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame»(Mt 16,24) . Venir a
Cristo, es venir a su casa; tomar su cruz, es tomar su yugo; si Él nos dice
que es ligero sin que deje de ser un yugo laborioso... No quiero decir,
ciertamente, que la vida en la casa del Señor sea sin alegría y paz. «Mi
yugo es llevadero, dice Jesús, y mi carga ligera»(Mt 11,30)...... es la
gracia que hace que sea tal, puesto que sigue siendo austero...... sigue
siendo una cruz.
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