martes, 7 de junio de 2011

Lecturas martes 07 Junio 2011

martes 07 Junio 2011
Martes de la VII Semana de Pascua

Roberto de Newminster



Leer el comentario del Evangelio por
San Justino : «La vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero...» (Jn 17,3)

Lecturas

Hechos 20,17-27.


Desde Mileto, mandó llamar a los presbíteros de la Iglesia de Efeso.
Cuando estos llegaron, Pablo les dijo: "Ya saben cómo me he comportado siempre con ustedes desde el primer día que puse el pie en la provincia de Asia.
He servido al Señor con toda humildad y con muchas lágrimas, en medio de las pruebas a que fui sometido por las insidias de los judíos.
Ustedes saben que no he omitido nada que pudiera serles útil: les prediqué y les enseñé tanto en público como en privado,
instando a judíos y a paganos a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús.
Y ahora, como encadenado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que me sucederá allí.
Sólo sé que, de ciudad en ciudad, el Espíritu Santo me va advirtiendo cuántas cadenas y tribulaciones me esperan.
Pero poco me importa la vida, mientras pueda cumplir mi carrera y la misión que recibí del Señor Jesús: la de dar testimonio de la Buena Noticia de la gracia de Dios.
Y ahora sé que ustedes, entre quienes pasé predicando el Reino, no volverán a verme.
Por eso hoy declaro delante de todos que no tengo nada que reprocharme respecto de ustedes.
Porque no hemos omitido nada para anunciarles plenamente los designios de Dios.


Salmo 68(67),10-11.20-21.


Tú derramaste una lluvia generosa, Señor: tu herencia estaba exhausta y tú la reconfortaste;
allí se estableció tu familia, y tú, Señor, la afianzarás por tu bondad para con el pobre.
¡Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación! El carga con nosotros día tras día;
él es el Dios que nos salva y nos hace escapar de la muerte.



Juan 17,1-11a.


Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: "Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti,
ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

San Justino (hacia 100-160) filósofo, mártir
Diálogo con Trifón, 2-4, 7-8; PG 6, 478-482; 491

«La vida eterna consiste en esto: en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero...» (Jn 17,3)

Mi alma ansiaba conocer lo que es propio y principio de la
filosofía... El conocimiento inteligente de las cosas inmateriales me
cautivaba por completo. La contemplación de las ideas daba alas a mi
pensamiento. Durante algún tiempo me creía ser un sabio, y tan estúpido era
que esperaba ver a Dios dentro de nada, ya que éste es el fin de la
filosofía de Platón. En este estado espiritual...me acercaba a un lugar
aislado donde creía encontrarme solo cuando me di cuenta que un anciano me
seguía los pasos... -¿Qué es lo que te ha conducido hasta aquí?- me
preguntó. –Me gusta este paseo-...es muy adecuado para la meditación
filosófica.... -¿Es, pues, en la filosofía que se encuentra la felicidad?-
me preguntó. –Ciertamente, le contesté, y sólo en ella-... ¿A qué llamas
tu Dios? –Lo que siempre es idéntico a si mismo y que da el ser a todo lo
que existe, esto es Dios. -¿Cómo pueden los filósofos hacerse una idea
justa de lo que es Dios si no lo conocen, no lo han visto jamás ni lo han
oído?- Yo respondí: -La divinidad no es visible a nuestros ojos como los
demás seres, sólo se accede a él por medio de la inteligencia, como dice
Platón. Estoy de acuerdo con él.- -Hace mucho tiempo, dijo el
anciano, hubo hombres mucho más antiguos que estos pretendidos filósofos,
hombres felices, justos, amigos de Dios. Hablaban bajo la inspiración del
Espíritu de Dios y presagiaron un futuro, realizado ahora. Se llaman
profetas. Ellos han visto la verdad y la han anunciado a los hombres... Los
que leen sus profecías pueden, si tienen la fe, sacar mucho provecho...Eran
testigos fieles de la verdad... Han glorificado al creador del universo,
Dios y Padre y han anunciado al que él envió, Cristo su Hijo... Y tú, antes
que nada, pide para que se te abran las puertas de la verdad, ya que nadie
puede ver ni comprender si Dios o su enviado, Cristo, no se lo da a
comprender-.... Ya no le vi más. Pero, de repente, un fuego se
encendió en mi alma. Quedé prendado del amor a los profetas, a aquellos
hombres amigos de Cristo. Reflexionando sobre las palabras del anciano,
reconocí que ésta era la filosofía única, provechosa y segura.

No hay comentarios: