sábado, 3 de diciembre de 2011

Lecturas sábado 03 Diciembre 2011


sábado 03 Diciembre 2011
Sábado de la I Semana de Adviento

San Francisco Javier, San Sofonías (Profeta)



Leer el comentario del Evangelio por
San Bernardo : «Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ellos porque estaban fatigados y abatidos»

Lecturas

Isaías 30,19-21.23-26.


Sí, pueblo de Sión, que habitas en Jerusalén, ya no tendrás que llorar: él se apiadará de ti al oír tu clamor; apenas te escuche, te responderá.
Cuando el Señor les haya dado el pan de la angustia y el agua de la aflicción, aquel que te instruye no se ocultará más, sino que verás a tu maestro con tus propios ojos.
Tus oídos escucharán detrás de ti una palabra: "Este es el camino, síganlo, aunque se hayan desviado a la derecha o a la izquierda".
El Señor te dará lluvia para la semilla que siembres en el suelo, y el pan que produzca el terreno será rico y sustancioso. Aquel día, tu ganado pacerá en extensas praderas.
Los bueyes y los asnos que trabajen el suelo comerán forraje bien sazonado, aventado con el bieldo y la horquilla.
En todo monte elevado y en toda colina alta, habrá arroyos y corrientes de agua, el día de la gran masacre, cuando se derrumben las torres.
Entonces, la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol será siete veces más intensa -como la luz de siete días- el día en que el Señor vende la herida de su pueblo y sane las llagas de los golpes que le infligió.


Salmo 147(146),1-2.3-4.5-6.


¡Aleluya! ¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios, qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén y congrega a los dispersos de Israel;
sana a los que están afligidos y les venda las heridas.
El cuenta el número de las estrellas y llama a cada una por su nombre:

nuestro Señor es grande y poderoso, su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos y humilla a los malvados hasta el polvo.


Mateo 9,35-38.10,1.6-8.


Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.
Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente.


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia
7º Sermón de Adviento

«Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ellos porque estaban fatigados y abatidos»

Al celebrar devotamente el adviento del Señor, no hacemos más que
lo que debemos hacer; puesto que no viene sólo a nosotros, sino también por
nosotros; aquel soberano Rey, que no tiene necesidad de nuestros bienes,
verdaderamente la misma grandeza de su dignidad, manifiesta con mayor
claridad, lo grande de nuestra necesidad. No sólo se conoce el peligro de
la enfermedad, por el precio de la medicina, sino que también se conoce la
multitud de achaques, por la abundancia de los remedios. Por eso es
necesario del advenimiento del Señor, por eso es necesaria a los hombres
así oprimidos, la presencia de Cristo, y ojalá de tal modo venga, que por
su copiosísima dignación, habitando en nosotros por la fe, ilumine nuestra
ceguera; permaneciendo con nosotros, ayude nuestra debilidad, y estando por
nosotros, proteja y defienda nuestra fragilidad. Porque, si él está en
nosotros ¿quién nos engañará?, si está con nosotros ¿qué no podremos en el
Señor, que nos conforta? Él es el consejero fiel que de ningún modo puede
ser engañado, ni engañar, fuerte auxilio, que no se cansará... Es la
sabiduría de Dios, la fuerza misma de Dios (1 Co 1,24)... A este tan gran
Maestro, hermanos míos, recurramos en toda deliberación, esta poderosa
ayuda invoquemos en toda decisión, a este protector tan fiel encomendemos
nuestras almas en todos los combates, el cual vino al mundo, para que
habitando en los hombres, con los hombres y por los hombres, se iluminasen
nuestras tinieblas, y se suavizasen nuestros trabajos, y se apartasen
nuestros peligros.

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