jueves, 8 de diciembre de 2011

Lecturas viernes 09 Diciembre 2011


viernes 09 Diciembre 2011
Viernes de la II Semana de Adviento

San Juan Diego



Leer el comentario del Evangelio por
San Alfonso María de Ligorio : Responder a la llamada de Dios, para acoger al Salvador

Lecturas

Isaías 48,17-19.


Así habla el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: Yo soy el Señor, tu Dios, el que te instruye para tu provecho, el que te guía por el camino que debes seguir.
¡Si tú hubieras atendido a mis mandamientos, tu prosperidad sería como un río y tu justicia, como las olas del mar!
Como la arena sería tu descendencia, como los granos de arena, el fruto de tus entrañas; tu nombre no habría sido extirpado ni borrado de mi presencia. Invitación a salir de Babilonia


Salmo 1,1-2.3.4.6.


¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos,
sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!
El es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien.
No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento.

porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal.


Mateo 11,16-19.


¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros:
'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.
Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.
Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.



Leer el comentario del Evangelio por

San Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo y doctor de la Iglesia
1er Discurso de la novena de Navidad

Responder a la llamada de Dios, para acoger al Salvador

Con un corazón ardiente, digamos con San Agustín: «Inflama nuestras
almas". Verbo encarnado, te hiciste hombre para encender en nuestros
corazones el fuego del amor divino: ¿cómo pudiste encontrar en nosotros
tanta ingratitud? No ahorraste nada para hacerte amar; llegaste a
sacrificar tu sangre y tu vida. ¿De dónde viene que los hombres
permaneciéramos insensibles a tantos beneficios? ¿Posiblemente los ignoran?
No, saben y creen que, por amor a ellos, viniste del cielo revestido de
carne humana y cargaste con nuestras miserias; saben que, por amor para
ellos, quisiste llevar una vida de continuos sufrimientos y sufrir una
muerte ignominiosa. Después de esto ¿cómo explicar que viven en un
olvido completo de tu extrema bondad? Quieren a sus parientes, quieren a
sus amigos, aman incluso a los animales... ¡ Sólo hacia ti, no muestran
amor ni reconocimiento! ¿Pero qué digo? Acusando a otros de ingratitud, yo
mismo me condeno, ya que mi conducta hacia ti fue peor que la suya. No
obstante, tu misericordia me devuelve el coraje; sé que me sostuvo mucho
tiempo, con el fin de perdonarme y de abrasarme en tu amor, con la única
condición de que quiera arrepentirme y quererte. Sí, Dios mío,
quiero arrepentirme; quiero amarte con todo mi corazón. Aunque veo que mi
corazón... te ha abandonado para gustar las cosas de este mundo; pero veo
también que, a pesar de esta traición, todavía me reclamas. Por eso, con
toda la fuerza de mi voluntad, te lo dedico y te lo doy. Dígnate pues
inflamarlo por completo de tu santo amor; haz que en lo sucesivo no ame
otra cosa más que a tí... Te quiero, Jesús; ¡te amo, mi sumo Bien ! Te amo,
único amor de mi alma. María, madre mía, eres "la madre del amor
hermoso" (Si 24,24 Vulg), obténme la gracia de amar a mi Dios; es lo que
espero de ti.

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