miércoles, 22 de mayo de 2013

Lecturas jueves 23 Mayo 2013


jueves 23 Mayo 2013
Jueves de la séptima semana del tiempo ordinario

San Crispin de Viterbo



Leer el comentario del Evangelio por
Santo Tomás de Aquino : “Rebosad de amor de Dios”

Lecturas

Eclesiástico 5,1-10.


No te sientas seguro con tu riqueza ni pienses: «¡Me basto a mí mismo!»
No te dejes arrastrar por la violencia o el deseo de tener: harán de ti su esclavo.
No digas: «¡Nadie me lo impedirá!» El Señor puede castigarte.
No digas: «¡Pequé y no me pasó nada!» El Señor se toma todo su tiempo.
No estés demasiado seguro del perdón cuando acumules pecados.
No digas: «¡La misericordia del Señor es grande, perdonará mis pecados por numerosos que sean!» Porque en él se encuentran misericordia y reprobación; su cólera se deja caer sobre los pecadores.
No tardes en volver al Señor, no lo postergues cada día más, no sea que llegue el día del ajuste de cuentas; se encenderá de repente la cólera del Señor y tú perecerás.
No cuentes con las riquezas mal adquiridas, de nada te servirán el día de la desgracia.
No te dejes llevar por la corriente, no estés en dos caminos a la vez; esto es propio del pecador que usa un doble lenguaje.
Mantente firme en tus convicciones y sé un hombre de palabra.


Salmo 1,1-2.3.4.6.


Dichoso el hombre que no va a reuniones de malvados, ni sigue el camino de los pecadores ni se sienta en la junta de burlones,
mas le agrada la Ley del Señor y medita su Ley de noche y día.
Es como árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y tiene su follaje siempre verde. Todo lo que él hace le resulta.
No sucede así con los impíos: son como paja llevada por el viento.

Porque Dios cuida el camino de los justos y acaba con el sendero de los malos.


Marcos 9,41-50.


Y cualquiera que les dé de beber un vaso de agua porque son de Cristo, yo les aseguro que no quedará sin recompensa.»
«El que haga caer a uno de estos pequeños que creen en mí, sería mejor para él que le ataran al cuello una gran piedra de moler y lo echaran al mar.
Si tu mano te está haciendo caer, córtatela; pues es mejor para ti entrar con una sola mano en la vida que ir con las dos a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Y si tu pie te está haciendo caer, córtatelo;
pues es mejor para ti entrar cojo en la vida que ser arrojado con los dos pies a la gehenna.
Y si tu ojo prepara tu caída, sácatelo;
pues es mejor para ti entrar con un solo ojo en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos al infierno,
donde su gusano no muere y el fuego no se apaga.
Pues el mismo fuego los conservará.
La sal es buena, pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se lo devolverán? Tengan sal en ustedes y vivan en paz unos con otros.»


Extraído de la Biblia Latinoamericana.



Leer el comentario del Evangelio por

Santo Tomás de Aquino (1225-1274), teólogo dominco, doctor de la Iglesia
Oración para pedir sabiduría

“Rebosad de amor de Dios”

Concédeme, Dios misericordioso, el poder desear con fervor aquello que
tú apruebas, buscarlo con prudencia, reconocerlo con verdad, cumplirlo con
perfección, para alabanza y gloria de tu nombre. Pon orden en mi vida, y
concédeme cumplir con lo que tú quieras que yo haga, como se deba hacer y
de la manera más útil para mi alma. Déjame ir hacia ti, Señor, por un
camino seguro, recto, agradable y que me lleve hasta la meta, un camino que
no se pierda entre las prosperidades y las adversidades, para que yo te
agradezca la prosperidad y que en la adversidad tenga paciencia, no dejando
que las primeras me exalten, ni las segundas me venzan. Que nada me alegre,
ni me entristezca, más allá de lo que me lleve hacia ti, allá donde quiero
llegar. Que no desee ni tema no agradarle a nadie que no seas tú. Que todo
lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por ti, Señor, y que todo aquello
que te toque sea amado por mí, pero tú, mi Dios, lo serás más que todo...
Que yo no desee nada más que no seas tú... Concédeme, Señor Dios, una
inteligencia que te conozca, una complacencia que te busque, una sabiduría
que te encuentre, una vida que te complazca, una perseverancia que te
espere con confianza y una confianza que, al final, te posea. Concédeme
estar afligido de tus penas por la penitencia, usar el camino de tus
favores para la gracia, regocijarme de tus alegrías, sobre todo en la
patria para la gloria. Tú que, siendo Dios, vives y reinas por los siglos
de los siglos.

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