miércoles 22 Mayo 2013
Miércoles de la séptima semana del tiempo ordinario
Santa Rita de Cascia, Beato João Baptista Machado
Leer el comentario del Evangelio por
Concilio Vaticano II : ¿Acaso van con nosotros?
Lecturas
Eclesiástico 4,11-19.
La sabiduría educa a sus hijos y cuida de los que la buscan.
El que la ama ama la vida; los que parten de mañana en su búsqueda serán colmados de alegría.
El que la posee alcanzará al fin la gloria; el Señor le dará su bendición.
Los que la sirven se hacen los ministros del Santo, los que la aman son amados del Señor.
El que la escucha tendrá un juicio acertado, el que le obedece estará seguro.
El que confía en ella la heredará, y sus descendientes disfrutarán de ella.
Al principio lo llevará por caminos ásperos, le provocará miedos y sustos; lo agotará con su disciplina hasta el momento en que pueda contar con él; multiplicará sus exigencias para ponerlo a prueba.
Pero luego lo llevará por caminos planos, le procurará la alegría y le revelará sus secretos.
Pero si se ha extraviado, lo abandonará y dejará que se pierda.
Salmo 119(118),165.168.171-172.174-175.
Una paz grande para los que aman tu Ley, nada podrá hacerlos tropezar.
Observo tus ordenanzas, tus testimonios, a tu vista están todos mis caminos.
¡Que mis labios publiquen tu alabanza, pues tú me enseñas tus preceptos!
¡Que mi lengua celebre tu palabra, pues son justos todos tus mandamientos!
He ansiado, Señor, tu salvación, y tu Ley ha sido mi delicia.
¡Que mi alma viva para alabarte, y tus juicios vendrán en mi ayuda!
Marcos 9,38-40.
Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que hacía uso de tu nombre para expulsar demonios, y hemos tratado de impedírselo porque no anda con nosotros.»
Jesús contestó: «No se lo prohíban, ya que nadie puede hacer un milagro en mi nombre y luego hablar mal de mí.
El que no está contra nosotros está con nosotros.
Extraído de la Biblia Latinoamericana.
Leer el comentario del Evangelio por
Concilio Vaticano II
Constitución dogmática sobre la Iglesia “Lumen gentium”, §16 (trad. © Libreria Editrice Vaticana)
¿Acaso van con nosotros?
Por último, quienes todavía no recibieron el Evangelio, se ordenan al
Pueblo de Dios de diversas maneras. En primer lugar, aquel pueblo que
recibió los testamentos y las promesas y del que Cristo nació según la
carne (cf. Rm 9,4-5). Por causa de los padres es un pueblo amadísimo en
razón de la elección, pues Dios no se arrepiente de sus dones y de su
vocación (cf. Rm 11, 28-29). Pero el designio de salvación abarca también a
los que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los
musulmanes, que, confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con
nosotros a un Dios único, misericordioso, que juzgará a los hombres en el
día postrero. Ni el mismo Dios está lejos de otros que buscan en
sombras e imágenes al Dios desconocido, puesto que todos reciben de El la
vida, la inspiración y todas las cosas (cf. Hch 17,25-28), y el Salvador
quiere que todos los hombres se salven (cf. 1 Tm 2,4). Pues quienes,
ignorando sin culpa el Evangelio de Cristo y su Iglesia, buscan, no
obstante, a Dios con un corazón sincero y se esfuerzan, bajo el influjo de
la gracia, en cumplir con obras su voluntad, conocida mediante el juicio de
la conciencia, pueden conseguir la salvación eterna. Y la divina
Providencia tampoco niega los auxilios necesarios para la salvación a
quienes sin culpa no han llegado todavía a un conocimiento expreso de Dios
y se esfuerzan en llevar una vida recta, no sin la gracia de Dios. Cuanto
hay de bueno y verdadero entre ellos, la Iglesia lo juzga como una
preparación del Evangelio y otorgado por quien ilumina a todos los hombres
para que al fin tengan la vida.
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